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40 años del día que la ciudad cambió para siempre

"À la ville de... Barcelona"



El 17 de octubre de 1986, Juan Antonio Samaranch abría un sobre en Lausana e impulsaba un anhelo que llevaba casi setenta años esperando. A través de los escritos personales de Pasqual Maragall, reconstruimos cómo se vivieron desde dentro las horas más intensas de la historia reciente de Barcelona.

Tal día como hoy hace cuatro décadas, Barcelona fue designada oficialmente sede de los Juegos Olímpicos de 1992. Culminaba así una carrera titánica iniciada años atrás bajo el liderazgo del alcalde Pasqual Maragall.

Pero, ¿cómo vivió el alcalde aquellos momentos previos a la gloria? ¿Qué pasaba por su cabeza mientras esperaba el veredicto?

Las horas previas: confesión desde la habitación del hotel

Horas antes de que Samaranch pronunciara el veredicto, Maragall escribía una carta a los barceloneses desde su habitación de hotel en Suiza. Lejos de cualquier protocolo, el alcalde plasmaba sobre el papel la inquietud de una ciudad entera:

"Cuando estas líneas aparezcan impresas, no conoceremos todavía la decisión del C.O.I. Pero algunos de los objetivos que nos propusimos en el momento de plantear la Candidatura se habrán alcanzado."

La tensión era máxima porque la jugada trascendía con creces el deporte. En aquellas mismas notas íntimas, confesaba el verdadero motor de una aventura que parecía imposible:

"Barcelona desde hacía unos años estaba como triste; realmente le faltaba una dosis de optimismo."

Hacía falta un pretexto mayúsculo para arrancar inversiones al Estado, transformar los barrios periféricos y romper el muro de fábricas y vías de tren que cerraba el paso a la playa:

"Deshacer el dogal que significaban las vías del tren y conseguir que la ciudad llegue al mar."

Maragall sabía que la carrera contra París, Brisbane o Belgrado se podía perder en el último segundo. Sin embargo, antes de abrir el sobre, formuló un convencimiento que cuarenta años después adquiere pleno sentido:

"Independientemente de que nuestra ciudad sea escogida o no, Barcelona, antes de la elección, ha ganado. Ahora solo nos falta el reconocimiento."

13:29 h: El estallido del sobre

Y el reconocimiento llegó. Años más tarde, el propio Maragall recordaba así aquel instante exacto en las páginas de La Vanguardia:

"A las 13.29 horas del 17 de octubre de 1986, [...] Juan Antonio Samaranch abrió el sobre que contenía la papeleta con el nombre de la ciudad designada sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 1992. El máximo dirigente olímpico hizo una pausa eterna... “Barcelona”, anunció por fin, y los miembros de la delegación barcelonesa [...] saltamos de nuestros asientos y nos confundimos en un aluvión de abrazos y felicitaciones mutuas."

La detonación emotiva saltó de inmediato de Suiza a las calles catalanas:

"El mismo día, a la misma hora, la voz de Samaranch se escuchaba en toda Barcelona, en todo el país, a través de los altavoces de los receptores de radio y de televisión. La ciudad entera estalló en un incontenible sentimiento de júbilo y euforia colectivos. Por fin, casi setenta años de anhelos olímpicos se veían materializados."

Un pacto cívico antes de la fiesta en Montjuïc

Todavía con la adrenalina en el cuerpo, Maragall compareció para recordar que el éxito no pertenecía a los despachos municipales, sino a la complicidad ciudadana:

"Los Juegos del 92 se harán en Barcelona y vosotros, barceloneses, habéis entendido desde el primer momento la importancia de la candidatura olímpica y habéis sabido uniros para conseguirlos, dando muestras de lo que históricamente ha caracterizado a nuestro pueblo: la voluntad de progreso hacia el futuro, la capacidad de dejar de lado las diferencias de criterios en beneficio del objetivo común."

El alcalde advertía que empezaba un trabajo ingente para que "Barcelona suba definitivamente al tren del desarrollo, siempre mirando hacia el siglo XXI". Pero aquel mediodía no tocaba hablar de andamios ni de hormigón:

"Ahora, sin embargo, es el momento de la fiesta, de la alegría, de las congratulaciones por el triunfo conseguido. Por esto, barceloneses, os invito a todos a celebrar con alegría e ilusión la designación olímpica de Barcelona esta noche, a las 11, en la avenida de María Cristina, al pie de las fuentes de Montjuïc."

Los saltos del alcalde y el motor del cambio

La celebración nocturna dejó una de las estampas más humanas de la transición democrática. Como relata Jaume Badia en Pasqual Maragall. Pensamiento y acción:

"La noche de aquel 17 de octubre, en el escenario al final de la avenida de María Cristina, el alcalde liberó toda la tensión acumulada durante semanas y de manera especial en Lausana las últimas cuarenta y ocho horas. Aquellos instantes en los que Maragall saltaba sin parar, contagiado de la alegría de la ciudadanía, han quedado recogidos en unas imágenes posteriormente repetidas infinitamente."

La ilusión colectiva instalada a partir de 1986 fue el motor y la legitimación de todas las grandes transformaciones urbanas: la apertura definitiva al mar, las rondas, los depósitos de aguas pluviales, las nuevas viviendas y un tejido de equipamientos que situaron a la capital catalana en el mapa del mundo. Todo ello bajo una gestión atenta tanto al impulso institucional como a las exigencias y críticas vecinales.

Hoy, cuatro décadas después, aquella jornada perdura como el punto de inflexión que abrió una nueva era para la ciudad y para el propio olimpismo.

El Archivo Digital Pasqual Maragall, impulsado por la Fundació Catalunya Europa, conserva y pone al alcance de la ciudadanía los documentos, discursos y notas personales que hicieron posible esta transformación.


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