Legado Pasqual Maragall

"Los retos de la política catalana después del 27S"



Si una cosa quedó clara al debate celebrado el martes 6 de octubre en el Palau Macaya es que los retos de la política catalana son tan heterogéneos como incierto es el horizonte que se abrió el pasado 27S para Cataluña y España. Nuestros tres invitados, sin embargo, supieron transmitir mensajes muy comprensibles de su interpretación de lo ocurrido, y de lo que creen que Cataluña necesita para avanzar en su autogobierno, tanto si se logra la independencia o no.

"Los ciudadanos han hablado, y han dado una victoria innegable a las candidaturas independentistas", afirmó Antoni Castells, presidente del Consejo Asesor de la Fundación Cataluña Europa. Lo hizo durante la presentación del debate y antes de dar paso a los tres invitados, Salvador Cardús, Juan José López Burniol y Albert Sáez, quien más tarde apoyarían sus palabras. Para Salvador Cardús, profesor de Sociología de la UAB y miembro del Consejo Asesor para la Transición Nacional, "Cataluña tiene ahora más fuerza que nunca, pero debe saber utilizar de manera inteligente".

"Si el independentismo es inteligente, entenderá que el tiempo va más bien a favor que en contra porque sin una oferta de España sobre la mesa, el sí tiene más perspectiva de crecimiento que el no", le siguió Albert Sáez , director adjunto de El Periódico. Según el notario Juan José López Burniol, España ha sido desde siempre uno de los principales problemas del proceso, un estado unitario con una gobernación autonómica que nunca ha llegado a cuajar y que ahora, por primera vez, "empieza a tener conciencia de que tiene un problema grave, que puede desestabilizar el sistema, y ??por tanto hay que buscar una salida ".

Es en este contexto donde el diálogo y la negociación cogen nuevamente el protagonismo. "¿Cuál es la estrategia? Cargarnos de voluntad negociadora. Es la única salida posible. Como esto es un maratón y no un sprint, ganará quien demuestre más voluntad de solucionar las cosas de manera civilizada". Con estas palabras Antoni Castells daba fuerza a una premisa sencilla pero básica: no hay que correr. Una idea que López Burniol también compartió: "Cataluña debe ser terca. Las especies que subsisten no son las más grandes ni las más fuertes, sino las que tienen más capacidad de adaptación. El camino está encendido y no hay marcha atrás; tenemos que hablar de la ética de la responsabilidad, no sólo de la ética de la convicción. El timing es muy importante y no se pueden precipitar las cosas".

Y es que sólo de esta manera que Cataluña conseguirá "seguimiento interno y reconocimiento externo", en palabras de Castells. "No basta con transgredir en España, es necesario que alguien te reconozca", va apoyarlo Sáez. Si bien López Burniol sacó peso al tan debatido posicionamiento europeo en el asunto catalán -"lo que tenga que ser Cataluña deberá ser por sí misma, no dependiendo de lo que digan los demás"-, tanto Cardús como Castells defendieron la vocación europeísta del catalanismo y la importancia de negociar tanto con España como con la Unión Europea.

En paralelo y no menos importante, según Cardús, ahora es primordial que Cataluña "gobierne el país y dé un buen servicio público", un punto en el que coincidieron todos los participantes. Para Sáez los resultados electorales también fuerzan la necesidad de más diálogo en el interior de Cataluña, entre las diferentes opciones. El crecimiento de Ciudadanos ha creado un nuevo escenario que hay que gestionar. Aunque destacable, para Sáez se trata más de un cambio coyuntural que estructural; justificado, según López Burniol, por el vacío que ha dejado el PSC. Cardús consideró de especial importancia este hecho, dado que los socialistas han formado parte de la tradición catalanista pero ahora podrían terminar sumándose a los partidos que no participan de esta tradición.

La situación que afronta Cataluña es indudablemente compleja y singular. Más allá de todos los retos comentados, todos los participantes coincidieron en dos aspectos que podrían definir muy bien la voluntad de la sociedad civil catalana ya la vez marcar muy claramente lo que Cataluña podría exigir, en el sentido estricto de la palabra, a partir de ahora: el reconocimiento de su identidad nacional y el derecho al referéndum.



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