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El Índice Regional de Desarrollo Social, un instrumento capital para acercar crecimiento económico y bienestar social


"Cataluña está en la posición 52 [de 272 regiones europeas] con respecto al PIB, pero en desarrollo social nos encontramos en la 162. ¿Hay que hablarlo? Yo creo que sí ". Dolors Bassa, consejera de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat, cree que el Índice Regional de Desarrollo Social puede ayudar a conciliar desarrollo económico y bienestar social. Una conclusión compartida por los ponentes de la conferencia "Líderes en PIB y en la cola en desarrollo social? El Índice regional europeo de desarrollo social a debate".

La Fundación Cataluña Europa (FCE) celebró la conferencia el pasado viernes en el Palau Macaya de Barcelona con el apoyo del Grupo Verdes / ALE en el Parlamento Europeo y la colaboración del Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias; la Fundación Josep Irla y la Obra Social La Caixa. El objetivo del acto fue debatir el potencial del Índice como complemento del PIB. "El SPI es el primer índice que no incluye indicadores económicos pero sí indicadores sociales y ambientales", explicó Nicola Caputo, diputado al Parlamento Europeo del Grupo S & D y uno de los promotores, junto con el eurodiputado Ernest Maragall (Verdes / ALE), del Índice en la Eurocámara. "El PIB no mide el valor de la naturaleza, ni la autoproducción ni el autoconsumo. Y [en la Unión Europea] estamos tratando de favorecer estas actividades", recordó Jordi Angusto, miembro de la comisión ejecutiva de la FCE. De hecho, la mejora del PIB no tiene por qué repercutir en la población. "Buena parte de las ganancias [de los últimos años] han acabado en manos del 1% superior de la población", añadió Angusto.

El Índice Regional de Desarrollo Social Europeo (SPI, en sus siglas en inglés) parte del Índice de Progreso Social, un indicador elaborado por la entidad Social Progress Imperative, organización sin ánimo de lucro internacional. El SPI es el resultado de un proyecto de esta entidad con la Dirección General de Política Regional y Urbana de la Comisión Europea; y Orkestra, Instituto Vasco de la Competitividad, centro de investigación vinculado a la Fundación Deusto. La idea es adaptar el Índice, de alcance mundial y pensado para ser aplicado en los países en desarrollo, a la situación de Europa.

Francesc Colomé, miembro de la comisión ejecutiva de la FCE, explicó que el Índice "medida en exclusiva los factores sociales y ambientales", sin indicadores económicos como la renta per cápita. Al mismo tiempo, se centra en la situación real de la población. ¿Cómo funciona el SPI? Este, explicó Colomé, se divide en tres grupos de indicadores: "necesidades humanas básicas" como el acceso a la vivienda y la alimentación, "bases del bienestar" como el abandono escolar prematuro y "las oportunidades de la gente ", siendo la formación a lo largo de la vida un ejemplo.

El hecho de que no incluya datos económicos "permite hacer comparaciones con el PIB", añadió Colomé, quien mostró que "a niveles más elevados de PIB aumentan las diferencias en el SPI de los países", por el papel de la gobernanza en la situación de la población . De hecho, si hay una relación entre el aumento del PIB y la parte del SPI "vinculada a las necesidades humanas básicas y las bases del bienestar", "no hay una buena correlación con los indicadores de sostenibilidad ambiental y los de salud , como la obesidad", reflexionó. Con estos datos, Colomé avanzó que la intención de la Fundación "es cruzar los datos del SPI con las de gobernanza, para analizar el papel de ésta en el progreso social".

Un Índice tan complejo también conlleva retos. Susana Franco, investigadora de Orkestra, explicó que se combinaron "fuentes oficiales como la encuesta de nivel de vida de Eurostat" con "otros no oficiales, como la encuesta Gallup" en función del tipo de información que se buscaba. Hay que tener en cuenta, además, que los datos no son totalmente comparables, en algunos casos: "Los indicadores no siempre están disponibles a nivel regional. En algunos países se encuentran a nivel nacional".

Los resultados, sin embargo, permiten ilustrar diferencias notables. "Respecto a regiones de un PIB per cápita similar [como Hannover en Alemania o Limburg en Holanda], Cataluña se encuentra en un nivel peor de SPI", expuso la investigadora de Orkestra. Sin destacar en aspectos como "la tolerancia a los homosexuales y el respeto a la diversidad", el país se encuentra en una situación peor en los tres grupos de indicadores que conforman el SPI. Con este punto de partida, Susana Franco concluyó que "el Índice debería servir para analizar el porqué de los problemas de desarrollo social".

Natalia Mas Guix, directora general de análisis económico del Departamento de la Vicepresidencia y de Economía y Hacienda, avanzó algunas posibles causas: Una de ellas puede ser "los costes de congestión [ambiental] de zonas con grandes capitales", como Barcelona. "El sistema de financiación, que perjudica a Cataluña, sería otra". Mientras tanto, "la capitalidad favorece Madrid, que acoge instituciones de Gobierno, y la ayuda a compensar la congestión propia de una gran ciudad". Y "el sistema foral puede ayudar" a Comunidades Autónomas como País Vasco y Navarra. Todas estas comunidades, de hecho, cuentan con un Índice SPI superior al catalán.

Francesc Iglesias, secretario de Asuntos sociales y familias del Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, añadió más motivos: "Cataluña es uno de los países donde la desigualdad de renta ha aumentado más desde 2009". Si ese año las personas situadas en el 20% de renta superior de la población contaban con ingresos cinco veces superiores a los del 20% de renta inferior, en 2014 la diferencia era de seis veces y media. Y no tanto porque los ricos sean más ricos, si no porque "la clase media ha quedado debilitada, y la gente pobre es ahora aún más pobre", por la crisis.

Ante esta situación, Iglesias quiso incidir en que se puede hacer mucho más, "pasando de un enfoque de gasto social en un de inversión social", que incida en las oportunidades laborales de la población y la ayude a escapar de la pobreza. Las políticas, además, deben contribuir a cambiar el modelo económico, porque este "no favorece el desarrollo social". Un punto en el que Colomé también incidió durante el turno de preguntas: "En Cataluña tenemos uno de los peores niveles de abandono escolar [de la UE]. Esto ocurre donde la economía es de bajo valor añadido".

Los hallazgos del Índice, pues, suponen un antes y un después en la política de Comunidades Autónomas. Pero también de los Estados. Y de la Unión Europea. Por un lado, Bassa apuntó al "déficit fiscal" como "uno de los principales problemas". Por otro, Maragall aseguró que "la Comisión Europea no podrá evitar el Índice Regional" a la hora de diseñar políticas regionales como los fondos de cohesión. El PIB, al fin y al cabo, sólo sirve en parte.